La profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Brenda Anahí Segura Bailón, manifestó que los desechos electrónicos contienen una amplia gama de componentes que pueden ser reutilizados para la fabricación de otros objetos, por lo que canalizar adecuadamente los dispositivos obsoletos o que ya no se utilizan es vital para frenar gran parte de la contaminación ambiental que generan.

Dijo que estos residuos contienen algunos materiales plásticos y cerámicos, y 60 por ciento de los componentes son metálicos, algunos de ellos –cobre, aluminio, oro y plata– cuentan con valor agregado alto; otros también pueden reutilizarse o reincorporarse a la industria y algunos otros son tóxicos y muy contaminantes, entre ellos el plomo, arsénico, mercurio, cadmio y cromo.

Indicó que algunos estudios han demostrado que pueden encontrarse de diez a diez mil gramos de oro por tonelada de basura electrónica, por lo que los métodos de recuperación de metales en los desechos electrónicos ya se están llevando a cabo de manera industrial.

Durante la charla Una segunda oportunidad a tu dispositivo electrónico: reciclar y aprovechar, la académica señaló que los procesos hidrometalúrgicos son una alternativa más sustentable basada en una operación unitaria llamada lixiviación, que trata de extraer o disolver los materiales sólidos que conforman la chatarra electrónica mediante diversas soluciones menos contaminantes o corrosivas, amigables con el medio ambiente y que no provocan daños severos a la salud, lo que minimiza el gasto energético al prescindir del uso de hornos.

Informó que en el Laboratorio de Hidrometalurgia de la Unidad Iztapalapa se están desarrollando técnicas enfocadas en la recuperación de metales contenidos en las tres partes principales de un dispositivo móvil. Para recuperar aquellos contenidos en la tarjeta de circuito impreso se recolectaron alrededor de 800 teléfonos celulares, se desmanteló cada uno en forma manual retirando carcasas, batería y pantallas; las tarjetas se trituraron y se obtuvo una muestra.

Luego de un análisis químico para identificar los metales presentes y la cantidad en la muestra de residuos, se les ejecutó un proceso de lixiviación. En esta etapa se realizó la extracción del cobre, para lo cual se utilizó ácido cítrico sustituyendo al ácido sulfúrico, se puso en contacto con las tarjetas ya trituradas, se agitaron por un tiempo, y de ahí se obtuvo el cobre en estado de oxidación.

Después de ello era importante pasar a la fase de recuperación del metal para lo cual se aplicó corriente eléctrica para producir un cambio en sus moléculas y convertirlo a su estado original. La solución residual de esta segunda fase se reutilizó en un nuevo ciclo de lixiviación-recuperación, es decir, se aplicó la misma solución para iniciar el proceso con un nuevo lote de tarjetas de circuito impreso.

En el proceso han sido evaluados de tres a cinco ciclos, además el material residual sólido, remanente de la primera etapa, se acopla una segunda vez para la extracción de oro, por ejemplo. Con base en estas pruebas experimentales a nivel laboratorio se puede concluir que es posible recuperar metales contenidos en la basura electrónica.

Para la colecta de teléfonos no se hizo distinción por marcas o modelos; sin embargo, las características varían de acuerdo con el año de fabricación, en los celulares IPhone, la tarjeta de circuito impreso está formada mayoritariamente por material plástico; por ello, hay varias propuestas para clasificar estos dispositivos por marca o por modelo a la hora de procesarlos como desechos electrónicos.



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